Las estaciones de ferrocarril han sido parte de la fisonomía de las ciudades espaňolas desde mediados del siglo XIX. En los aňos venideros, las urbes fueron expandiéndose allá dónde se asentaban las infraestructuras ferroviarias, cerrándolas y contribuyendo a la formación de lo que popularmente se conoce como brecha urbana.
A lo largo de los aňos, las estaciones se han ido adaptando a las necesidades sociales, económicas y de explotación. Zaragoza El Portillo (1973), Barcelona Sants (1979) y Madrid Chamartín (1967), son el resultado de la aplicación de un nuevo concepto de estación en Espaňa. Por una parte se perseguía favorecer la movilidad de los viajeros, aplicando el concepto estación polivalente inspirado en los aeropuertos. Los andenes, como las pistas, quedaban separados del edificio de viajeros, a los cuales se accedía por escaleras mecánicas o ascensores. Por otra parte, las estaciones dejaron de ser meros edificios de espera, oficinas y despachos, para convertrse en espacio polifuncionales pensados para hacer más llevadero el uso por parte de los clientes. Entre las novedades, destacaban los vestíbulos, los cuales contaban con gran cantidad de asientos. Estos además contabab con diferentes tiendas y bares, reflejo de la sociedad de consumo. Con la extensión del uso del coche privado, y en plena época del declive ferroviario, el concepto nuevo de estación buscaba dar respuesta a las necesidades de la sociedad motorizada. Para ello, se adecuaron grandes espacios de aparcamientos.
El acceso con transporte público también estaba garantizado, en Chamartín, la línea 8 de metro y la línea 5 de la EMT. En El Portillo, las líneas 22 y 31 de TUZSA, y en Sants, las líneas 3 y 5 de metro, y las líneas 32, 44, 78 y 109 de TB.
Las estaciones fueron creadas en entornos ferroviarios consolidados como Sants en Barcelona y El Portillo en Zaragoza, mientras que en Chamartín, junto a la estación, se crearon nuevos barrios.
Actualmente, menos la estación de El Portillo, siguen funcionando en pleno rendimiento, adaptándose a los cambios de explotación, protagonizados por la consolidación en la red ferroviaria, de los servicios de alta veracidad.
A lo largo de los aňos, las estaciones se han ido adaptando a las necesidades sociales, económicas y de explotación. Zaragoza El Portillo (1973), Barcelona Sants (1979) y Madrid Chamartín (1967), son el resultado de la aplicación de un nuevo concepto de estación en Espaňa. Por una parte se perseguía favorecer la movilidad de los viajeros, aplicando el concepto estación polivalente inspirado en los aeropuertos. Los andenes, como las pistas, quedaban separados del edificio de viajeros, a los cuales se accedía por escaleras mecánicas o ascensores. Por otra parte, las estaciones dejaron de ser meros edificios de espera, oficinas y despachos, para convertrse en espacio polifuncionales pensados para hacer más llevadero el uso por parte de los clientes. Entre las novedades, destacaban los vestíbulos, los cuales contaban con gran cantidad de asientos. Estos además contabab con diferentes tiendas y bares, reflejo de la sociedad de consumo. Con la extensión del uso del coche privado, y en plena época del declive ferroviario, el concepto nuevo de estación buscaba dar respuesta a las necesidades de la sociedad motorizada. Para ello, se adecuaron grandes espacios de aparcamientos.
El acceso con transporte público también estaba garantizado, en Chamartín, la línea 8 de metro y la línea 5 de la EMT. En El Portillo, las líneas 22 y 31 de TUZSA, y en Sants, las líneas 3 y 5 de metro, y las líneas 32, 44, 78 y 109 de TB.
Las estaciones fueron creadas en entornos ferroviarios consolidados como Sants en Barcelona y El Portillo en Zaragoza, mientras que en Chamartín, junto a la estación, se crearon nuevos barrios.
Actualmente, menos la estación de El Portillo, siguen funcionando en pleno rendimiento, adaptándose a los cambios de explotación, protagonizados por la consolidación en la red ferroviaria, de los servicios de alta veracidad.